Monday, July 11, 2005

Ayer, Nina



Ayer murió Nina, y para muchos en este mundo que se resquebraja sin remedio no es necesario aclarar sobre quién escribo.
Tampoco parece importante, si soy honesto, reproducir aquí biografía, ni listar álbumes o canciones esenciales. Seré egoísta.
De Nina, ahora el recuerdo. La primera vez que la escuché sin saber el porqué del asombro, el último disco que compré o ese recital al que ya nunca podré asistir. Ni modo, hay algo que es mucho de triste en todo esto, pero lo hago más intenso y entonces el mayor dolor, el más tremendo miedo es darme cuenta que así, año con año mueren quienes me han acompañado en la vida con sus obras, canciones, pinturas, voces y demás. Pero en verdad, el problema no es que la gente muera. Lo realmente triste es que con el tiempo, por la edad o tal vez por estos tiempos en que sobrevivimos, se mueren quienes me dijeron o mostraron algo que nunca más me abandonó, llenando de nuevos significados mis percepciones del mundo. Y entonces hay veces en que parece que me tiembla un poco el alma al sentir que cada vez hay más huecos (y no porque alguien deba llenarlos) y cada vez menos personas que me dicen ese tipo de cosas que se quedan en la piel y el corazón para siempre.
Celebro a Nina, pues, porque de ella me quedan ciertos recuerdos de momentos en que sin estar, estuvo. Me queda, sobre todo, su voz para siempre en sus discos.
22 de abril, 2003.

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