Thursday, July 21, 2005

El Jam


Hace unos días pasaron nocturnamente por el estudio mis amigos F. Y P. Avituallados con líquidos y guitarra se acomodaron en la trinchera que protege, apenas, de los embates de lo cotididano, para musiquear improvisadamente conmigo. La esencia del jam. La jalea, pues, o será el jaleo? de hacer música sin idea preconcebida, es decir a la de quién-dijo-yo o más bien el que arranque con los primeros acordes interesantes lleva la ventaja y pues a ver quién lo alcanza. Bueno, no tanto porque esto de “jamear” no consiste en carrera alguna. Más bien es una suerte de rito colectivo lleno de significados que se van celebrando a medida que se descubren. Porque al menos para mí, esa confabulación musical, acertada a veces y (seamos francos) fallida otras es una posibilidad de hacer música en varios niveles: géneros no habituales para algunos, ritmos sincopados o no, harmonías újule y hasta guturalidades y efectos de sonido que confirman el desequilibrio mental del desinhibido en turno. El jam es compartir la pasión por la música, es el respeto por el compa que sabe menos y la admiración por el que nos enseña sin tener la intención de hacerlo. Tocamos con otros y nos aventuramos en tierra de nadie, en planicies o selvas que ofrecen tantos caminos como los que queramos imaginar. Cuando las cosas salen bien, el momento termina siempre no con risitas, sino con carcajadas, pataleos celebratorios o tamborileos primitivos en las cajas de los instrumentos o en la mesa más cercana. Cuando del jam no surge nada aparentemente, siempre hay algo que vale la pena y entonces al menos el gusto de haberlo intentado es motivo de un leve brindis.

Oído en el último jam, hace dos días: cáscara, beat, escala nickelodeon, “Africa, man”.

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